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Gramajes, porciones y facturación: ¿su institución está recibiendo realmente lo que paga?


En los servicios de alimentación institucional, una diferencia de pocos gramos puede parecer insignificante hasta que se multiplica por miles de raciones. Para hospitales, centros penitenciarios, plantas industriales y otras instituciones con operaciones de gran escala, controlar las porciones no es solamente un asunto nutricional: también es una variable de cumplimiento y control del contrato. Como referencia de la magnitud que pueden alcanzar estas operaciones, la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (USPEC) reportó en su Informe de Rendición de Cuentas 2024 el suministro de aproximadamente 119.054 raciones diarias, con un valor promedio de $18.111,64 por ración, incluyendo desayuno, almuerzo, cena y refrigerio nocturno. A esa escala, saber qué se contrató, qué se produjo, qué se sirvió y qué finalmente se facturó se convierte en una parte fundamental de la supervisión. 

El impacto se entiende mejor con un ejemplo. Supongamos que una institución contrata 10.000 raciones diarias y una preparación establece una porción de 120 gramos, pero durante las verificaciones se encuentra un promedio servido de 110 gramos. Esos 10 gramos de diferencia representarían 100 kilogramos diarios, 3 toneladas mensuales y hasta 36 toneladas al año, si la desviación se mantuviera durante toda la operación. Esto no significa automáticamente que exista una pérdida económica o un incumplimiento, porque deben considerarse factores como si el gramaje está definido en crudo o cocido, los rendimientos de los alimentos, las tolerancias y las condiciones específicas del contrato. Sin embargo, el ejemplo demuestra por qué las pequeñas desviaciones dejan de ser pequeñas cuando se trabaja a escala institucional. 

Por esta razón, el control no debería limitarse a pesar algunos platos ocasionalmente. Una institución necesita poder relacionar la minuta y los gramajes contratados con las materias primas utilizadas, las cantidades producidas, las porciones efectivamente entregadas y las raciones reconocidas para facturación. En Colombia existen ejemplos claros de este nivel de supervisión: la USPEC ha señalado que realiza controles sobre gramajes, dietas, condiciones higiénico-sanitarias, infraestructura, residuos, calidad e inocuidad en la prestación del servicio de alimentación penitenciaria. Además, su modelo contempla minutas patrón y ciclos de menús estructurados teniendo como referencia necesidades de energía y nutrientes. La Resolución 3803 de 2016 del Ministerio de Salud y Protección Social, por su parte, establece las Recomendaciones de Ingesta de Energía y Nutrientes (RIEN) para la población colombiana y sirve como referencia para la planificación y evaluación dietética de individuos y grupos. 

Para hospitales, establecimientos penitenciarios y grandes instituciones, esta trazabilidad cobra todavía más importancia porque el reto no es simplemente entregar un número determinado de almuerzos. Estas operaciones pueden involucrar diferentes poblaciones, dietas especiales, múltiples tiempos de comida, producción continua y atención simultánea en distintas sedes. Por eso, al evaluar un proveedor, el precio por ración debería ser solo una parte de la decisión. También es necesario conocer cómo estandariza sus porciones, cómo controla los gramajes, cómo documenta las desviaciones, cómo administra desperdicios y rendimientos y, especialmente, cómo demuestra que aquello que factura corresponde con el servicio efectivamente prestado. En contratos de gran escala, la capacidad de generar evidencia y mantener estándares consistentes puede ser tan relevante como la capacidad de producir los alimentos. 

En Sarupetrol entendemos que detrás de cada ración existe una responsabilidad operativa que debe poder medirse. Cuando una institución maneja miles de servicios de alimentación, la diferencia entre tener un proveedor y contar con un aliado especializado está en la capacidad de mantener control, estandarización y trazabilidad durante toda la operación. Si su organización está evaluando un proveedor, preparando una nueva contratación o próxima a renovar su servicio de alimentación institucional, este es un buen momento para revisar si existe una relación clara entre lo contratado, lo producido, lo servido y lo facturado. Una evaluación de estos puntos puede ayudar a identificar riesgos y oportunidades de mejora antes de que pequeñas desviaciones se conviertan en grandes problemas operativos. 

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